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Construir acuerdos estables, más allá de Vaca Muerta
La economía argentina enfrenta el desafío de sostener el crecimiento más allá de los sectores de recursos naturales, evidenciando una marcada asimetría sectorial que impacta en el empleo y la confianza. Los programas de estabilización, si bien ordenan la macroeconomía, requieren consensos amplios para asegurar un desarrollo sostenible.
- Asimetría sectorial: recursos naturales vs. industria y construcción.
- Empleo joven formal: solo 4 de 10 ocupados < 29 años.
- Superávit comercial récord desde 2009.
- Necesidad de consensos políticos y sociales para el crecimiento.
- Equilibrio fiscal como precondición para políticas económicas.
La economía argentina transita un período de relativa estabilidad financiera, lo que reaviva el debate sobre los motores de crecimiento a largo plazo. La gestión actual ha mostrado una clara dicotomía sectorial: mientras los rubros vinculados a recursos naturales como petróleo, gas, minería y agro, junto con la intermediación financiera, registran máximos históricos y un superávit comercial récord, sectores clave para el empleo formal como la industria, la construcción y el comercio aún operan significativamente por debajo de los niveles de fines de 2023. La construcción se encuentra un 20% por debajo, y gran parte de la industria (excluyendo alimentos, química y refinación de petróleo) retrocede a niveles de 2004.
Esta asimetría tiene consecuencias directas, especialmente en los jóvenes, donde solo 4 de cada 10 ocupados menores de 29 años poseen empleo formal, la independencia económica se ha reducido a niveles de 2021, y casi 4 de cada 10 enfrentan mora financiera. La falta de un crecimiento inclusivo y sostenido, que no dependa exclusivamente de un puñado de actividades exportadoras de commodities, es el principal escollo post-estabilización. Los programas de estabilización, aunque efectivos para ordenar la macroeconomía y reducir la inflación, fracasan si no se acompañan de estrategias para sostener el consumo y la inversión, cayendo en la tentación de usar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria y comprimir ingresos.
La superación de la inflación requiere, históricamente, amplios consensos políticos y sociales que otorguen el tiempo necesario para consolidar las mejoras. Si bien las economías regionales y el agro son fundamentales para aliviar la restricción externa, no son suficientes para un desarrollo equilibrado en un país extenso como Argentina. La industria, el comercio y la construcción son pilares para sostener el entramado productivo y poblacional de ciudades y provincias.
Para lograr acuerdos estables, se proponen tres ejes: primero, la consolidación de reglas básicas de juego, como el equilibrio fiscal, que trasciendan los ciclos políticos, tomando como plataforma el Pacto de Mayo. Segundo, la construcción de un régimen monetario y cambiario creíble y previsible, que brinde la certeza mínima para inversiones a largo plazo sin recurrir a restricciones o apreciaciones artificiales. Tercero, el diseño de transiciones y programas explícitos para los sectores rezagados, enfocándose en la temporalidad y eficiencia para no desproteger entramados productivos en nombre de la apertura.
La noticia es crucial para inversores y empresarios argentinos al señalar la fragilidad de un crecimiento basado exclusivamente en commodities y la necesidad de políticas que fomenten la industria y el empleo formal. Es vital observar cómo se implementan los acuerdos de largo plazo y si se logran transiciones efectivas para los sectores rezagados, lo cual determinará la sostenibilidad de la recuperación económica y la diversificación productiva.

