Carlos Bender: "Esto no tiene precio", el productor que se aferra a su chacra de menos de 100 hectáreas ante las ofertas
Carlos Bender, un productor agropecuario de Diamante, Entre Ríos, se niega a vender su chacra de menos de 100 hectáreas, a pesar de las ofertas, demostrando que la escala no es un impedimento para construir una vida y una familia.

Las claves de la nota
- Carlos Bender se aferra a su chacra de menos de 100 hectáreas.
- Demuestra que la escala no es un impedimento para el éxito.
- Lamenta la falta de apoyo estatal a pequeños productores.
- Insiste en la posibilidad de vivir de la pequeña producción agropecuaria.
La historia de Carlos Bender, un productor agropecuario de Diamante, Entre Ríos, resalta la profunda conexión emocional y de vida con su chacra de menos de 100 hectáreas, a la que se aferra a pesar de las tentadoras ofertas de los "pooles" y la presión del mercado. Bender, quien debió abandonar sus estudios primarios tras la muerte de su padre a los diez años, construyó su vida y la de su familia en este campo, demostrando que la escala no es el único factor determinante para el éxito.
Desde su pequeña propiedad, logró formar una familia, educar a su hija en una universidad privada, quien hoy es médica, y hasta adquirir propiedades en la ciudad. Su resiliencia se forjó en las dificultades, incluyendo la gestión de un tambo de 50-60 vacas durante 20 años, que le permitió sostener a su familia, y una granja avícola que debió abandonar por motivos económicos y de salud. Actualmente, se dedica a la cría de ovejas, hacienda Angus colorada y algo de agricultura, con la colaboración de su hija y yerno, y el incipiente entusiasmo de su nieto.
La narrativa de Bender pone de manifiesto la dura realidad de los pequeños productores en Argentina, quienes enfrentan la presión de la concentración del sector y la falta de políticas diferenciales por parte del Estado. "El Estado no hace diferencia con nosotros, nos trata igual que al grande. Es muy difícil que el productor chico pueda crecer", lamenta, y advierte sobre la tendencia de muchos a abandonar el campo por la incertidumbre, buscando alternativas en la ciudad.
A pesar de las adversidades, Bender se erige como un defensor de la vida rural, insistiendo en que "todavía es posible vivir de una pequeña chacra" y que la pasión y la perseverancia son claves para "luchar hasta el final". Su caso, aunque personal, refleja una problemática extendida en el campo argentino, donde la subsistencia y el crecimiento de los pequeños y medianos productores dependen de un entorno macroeconómico y de políticas públicas más equitativas y de apoyo específico.
