
Tu brújula en un mundo de cambios
¿Alguna vez has sentido que juegas un juego cuyas reglas cambian constantemente? Tu brújula en un mundo de cambios. Por Gustavo Picolla
¿Alguna vez has sentido que juegas un juego cuyas reglas cambian constantemente?
En el mundo actual, las dinámicas laborales, las tecnologías y las tendencias sociales se mueven tan rápido que es fácil frustrarse y sentir que perdemos el rumbo.
Sin embargo, la vida real está regida por "leyes secretas" que nadie inventó, sino que han estado aquí desde siempre. En el desarrollo personal, a estas leyes inmutables las llamamos Principios.
SI te preguntas, ¿qué es un Principio? Te lo cuento con un ejemplo.
Suponte que te pones de pie con una manzana en tus manos y la sueltas, ¿qué ocurre? Va directo al suelo. Eso pasa por la ley de la gravedad. No importa tu profesión, tu cuenta bancaria, si estás de mal humor o si eres una persona muy influyente: la gravedad funciona igual para todos, todo el tiempo. No la puedes engañar, ni sobornar, ni negociar con ella.
Los principios son exactamente como la gravedad, pero para las dimensiones humanas y de las relaciones. Son verdades universales que nunca cambian y que operan en cualquier cultura del planeta.
Si actúas con honestidad, construyes confianza. Si engañas, la confianza se destruye. Esto funciona hoy, funcionaba en la antigua Roma y funcionará dentro de cien años. Si quieres cosechar soja en otoño, debes sembrarla en primavera, que llueva y hacer los trabajos necesarios durante meses. No puedes pretender que mágicamente aparezca una cosecha abundante mañana. En la vida, recolectas exactamente lo que siembras. No existen los atajos para el carácter.
La mayoría de las personas confunde principios con valores, y es donde radican muchos de nuestros fracasos.
Imagina que vas de excursión a un bosque denso y desconocido, y llevas un mapa en tus manos. Tu mapa representa tus valores. Es lo que tú, de manera interna y subjetiva, consideras importante o el camino que piensas que es el correcto. El bosque real, con sus ríos, sus precipicios y sus montañas, son los principios. El bosque es la realidad objetiva.
Si tu mapa dice que hacia el frente hay un camino plano, pero en el bosque real hay un acantilado enorme, ¿qué crees que pasará si sigues tu mapa a ciegas? Te vas a caer. Por mucho que tú "valores" tu mapa, por mucha fe que le tengas y por mucho que insistas en que tienes razón, el terreno real siempre gana.
Por lo tanto, las personas más efectivas y plenas no son las que defienden su mapa a ciegas, sino las que tienen la humildad de ajustar su mapa para que coincida con el bosque. Es decir, alinean sus valores personales con los principios universales.
Muchas veces, en el mundo de los adultos y de las organizaciones, confundimos un valor como la eficiencia con un principio como la efectividad.
La eficiencia es interna: es hacer las cosas rápido, optimizando el tiempo y los recursos. Es subir una escalera a toda velocidad. Sin embargo, si esa escalera está apoyada en la pared incorrecta, cada paso que das te aleja más de tu meta.
La efectividad, en cambio, es un principio eterno: es asegurarte de que estás haciendo las cosas correctas, las que dejan un legado y cuidan tu bienestar a largo plazo. No sirve de nada ser el más eficiente cruzando una jungla si, al final del día, descubres que te equivocaste de jungla. Ajustar tus valores a los principios es asegurarte de que tu esfuerzo realmente cuente.
Para mejorar tu vida, tus relaciones y tu liderazgo, solo necesitas hacer una pausa antes de actuar. Cuando te enfrentes a una decisión difícil en tu trabajo o en tu hogar, hazte esta pregunta:
"¿Esta decisión está alineada con el territorio real o solo responde a mi mapa conveniente del momento?"
Si una empresa decide recortar la calidad de su servicio para ganar dinero rápido, su mapa inmediato dice: "La ganancia rápida es lo primero". Pero el principio de la calidad y el servicio dice: "Si descuidas al cliente, tarde o temprano perderás el negocio".
Cuando eliges guiarte por los principios, dejas de reaccionar ante las tormentas del entorno. Te conviertes en el arquitecto de tu propio destino, construyendo una vida sobre roca sólida, no sobre arena movediza.
Gustavo Picolla

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