Siembra tardía de girasol: un ensayo del INTA revela pérdidas de hasta el 50% en el rinde
Un ensayo del INTA en Chivilcoy demostró que sembrar girasol en diciembre en lugar de octubre puede reducir el rinde hasta en un 50%. Las siembras tardías coinciden con mayores temperaturas y menor radiación solar en etapas clave del cultivo.

Las claves de la nota
- Siembra de girasol en diciembre reduce rinde casi 50%.
- Siembras de octubre promedian 4.083 kg/ha.
- Siembras de diciembre promedian 2.061 kg/ha.
- Temperaturas y menor radiación solar afectan siembras tardías.
- Expansión del cultivo de girasol en Argentina.
Un estudio llevado a cabo por técnicos del INTA en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, ha puesto de manifiesto las significativas pérdidas de rendimiento que puede sufrir el cultivo de girasol ante demoras en la fecha de siembra. El ensayo comparó el comportamiento de tres híbridos implantados en distintas épocas, revelando una drástica caída en la producción cuando la siembra se posterga de octubre a diciembre.
Los resultados son contundentes: mientras las siembras realizadas a principios de octubre alcanzaron un promedio de 4.083 kilos por hectárea, aquellas sembradas en diciembre apenas cosecharon 2.061 kilos por hectárea. Esta diferencia representa una merma de casi el 50% en el rinde, un golpe considerable para la rentabilidad del productor. La caída no fue lineal; las siembras de principios de noviembre mostraron una performance mucho más cercana a las de octubre, con un promedio de 3.923 kilos por hectárea.
Los investigadores atribuyen esta pronunciada disminución en las siembras de diciembre a factores climáticos adversos. El acortamiento del ciclo del cultivo, provocado por el aumento de las temperaturas, y la coincidencia de las etapas reproductivas y de llenado de grano con períodos de menor radiación solar, habrían impactado negativamente en la productividad. La elección del híbrido también influyó, aunque la tendencia general de pérdida de rendimiento en diciembre se mantuvo para todos los materiales evaluados, afectando incluso el contenido de aceite bonificado, un factor clave para el valor comercial.
Este hallazgo cobra especial relevancia en un contexto de fuerte expansión del cultivo de girasol en Argentina. Según datos del propio INTA, la superficie implantada a nivel nacional ha crecido un 75% en las últimas campañas, y en la zona de Chivilcoy, ha pasado de 100 a 2.000 hectáreas en cinco años. La información generada por este ensayo es crucial para optimizar las decisiones de manejo y mejorar la planificación de la siembra, especialmente en una región como la nuestra, donde el girasol está ganando terreno.
Si bien los resultados son alentadores para la toma de decisiones, los técnicos del INTA advierten sobre la necesidad de replicar estas evaluaciones en futuras campañas para confirmar la consistencia de los comportamientos observados bajo diferentes condiciones ambientales. La variabilidad climática es un factor determinante en la producción agropecuaria argentina, y comprender cómo afecta a los cultivos en distintas ventanas de siembra es fundamental para la sustentabilidad y rentabilidad del sector.
