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Joven citricultor entrerriano explica la complejidad de la actividad y critica soluciones simplistas de políticos
Marcos Dalmazo, de 27 años y tercera generación de citricultores en Villa del Rosario, Entre Ríos, detalla los desafíos de la producción de naranjas y mandarinas, advirtiendo sobre la inviabilidad de soluciones políticas que ignoran la inversión a largo plazo y los costos reales del sector.
- Producción citrícola argentina enfrenta precios bajos y altos costos.
- Inversión en nuevas plantas requiere años para generar retorno.
- Diversificación varietal y riego son claves ante sequías.
- Productores no pueden fijar precios, sujetos a mercado.
- Crítica a soluciones políticas simplistas para la crisis del sector.
Marcos Dalmazo, un joven de 27 años perteneciente a la tercera generación de una familia citrícola de Villa del Rosario, Entre Ríos, ofrece una perspectiva detallada sobre la compleja realidad de la producción de cítricos en Argentina. A pesar de los precios deprimidos y los altos costos que atraviesa el sector, Dalmazo y su familia continúan invirtiendo en la renovación de sus montes, una decisión que implica una apuesta a largo plazo, ya que las nuevas plantas tardan varios años en dar sus primeros frutos y alcanzar su máximo potencial productivo.
El productor destaca la importancia de la diversificación varietal para asegurar la producción y la comercialización a lo largo de casi todo el año, abarcando diferentes tipos de mandarinas y naranjas. Esta estrategia, sin embargo, requiere un recambio constante de las plantas, que tienen una vida útil de aproximadamente treinta años. El proceso de erradicación y replantación es costoso y demandante, incluyendo la preparación del terreno, la compra de plantines, el cuidado intensivo durante los primeros años y la inversión en infraestructura como sistemas de riego por goteo, fundamental ante la recurrencia de sequías que pueden devastar la producción.
El principal problema, según Dalmazo, radica en la imposibilidad de los citricultores de fijar el precio de su producción, quedando a merced de las leyes del mercado. En la presente campaña, algunas variedades de mandarina se venden por debajo de los costos de producción, lo que genera una situación crítica para los productores. La mano de obra, tanto en cosecha como en empaque, representa un componente de costo significativo, siendo en gran parte manual.
La visión de Dalmazo contrasta fuertemente con las propuestas simplistas de algunos políticos que sugieren arrancar los árboles y cambiar de actividad. El joven productor enfatiza que la citricultura es una inversión a largo plazo que requiere conocimiento, paciencia y capital, y que las soluciones deben abordar la estructura de costos, la fijación de precios y el apoyo al sector, en lugar de proponer medidas drásticas que ignoran la inversión realizada y el valor intrínseco de la actividad para la región.
Esta noticia es relevante para inversores y productores del sector agropecuario argentino, especialmente en la región del Litoral. Destaca la complejidad de la citricultura, un sector con ciclos largos de inversión y alta exposición a variables climáticas y de mercado. Es crucial seguir de cerca las políticas que se propongan para el sector y la evolución de los costos de producción y los precios de las frutas, ya que la viabilidad de este tipo de producciones a largo plazo está en juego.

