Carlos Milicevic advierte: Inflación y costos frenan el optimismo ganadero argentino
El ex vicepresidente del Senasa, Carlos Milicevic, alerta que la inflación y el aumento de costos están erosionando la rentabilidad de la ganadería argentina, a pesar de la recuperación de precios de la hacienda. El consumo interno debilitado agrava la situación.

Las claves de la nota
- El precio del ternero cayó de $7.000 a $6.000 en 2026.
- Inflación acumulada en 2026 ronda el 24%.
- Costos de recría y engorde aumentaron 20%.
- Valor de venta de hacienda gorda retrocedió 17%-18%.
- Consumo interno debilitado afecta la rentabilidad.
A pesar de la recuperación observada en los precios de la hacienda en los últimos años, que alimentó expectativas de expansión en la ganadería argentina, la rentabilidad para todos los eslabones de la cadena se ve amenazada. Carlos Milicevic, productor y ex vicepresidente del SENASA, ha lanzado una advertencia sobre la delicada coyuntura actual del sector. Según Milicevic, el negocio se enfrenta a un escenario de costos crecientes, valores de venta que han perdido impulso y un consumo interno que muestra debilidad, una combinación que hasta ahora no era habitual.
Si bien Milicevic reconoce el potencial ganadero de Argentina y la creciente demanda global de proteínas animales, considera que la situación actual es "sumamente riesgosa" y que "los números han cambiado". Su análisis cuestiona la idea de un "boom ganadero" consolidado, argumentando que la mejora inicial en la cría no puede aislarse del resto de la cadena. Los costos de producción, el precio de la hacienda terminada y la capacidad de compra de los consumidores son factores determinantes que están provocando una retracción en la cadena productiva.
La inflación es uno de los principales factores que deterioran los ingresos de los productores. Milicevic ejemplifica que el precio del ternero, que a principios de año rondaba los 7.000 pesos, ahora se sitúa alrededor de los 6.000 pesos. Estimando una inflación acumulada para 2026 cercana al 24%, concluye que el poder adquisitivo de los ingresos ganaderos se ha visto mermado, perdiendo competitividad frente al año anterior, a pesar de los valores nominales aún visibles en algunas categorías. La cría, segmento que inicialmente se benefició más, ahora ve cómo "los números se empiezan a modificar", aunque el precio aún se mantenga "bueno".
El panorama para la recría y el engorde a corral es aún más complejo. Milicevic señala aumentos considerables en costos de estructura, salarios y energía, cercanos al 20%, mientras que el valor de venta de la hacienda gorda ha retrocedido entre un 17% y un 18% en términos nominales. Un ejemplo ilustrativo es el de una vaquillona que, a pesar de aumentar significativamente su peso, no logró generar ganancias debido a que el precio de venta no cubrió la inversión inicial ni los gastos de alimentación y mantenimiento. Esta situación pone en evidencia que el aumento de kilos no se traduce automáticamente en rentabilidad económica en el contexto actual, impactando negativamente en la rentabilidad de los feedlots y la cadena de valor en general.
