La economía argentina se desacelera: ¿Por qué crece un cuarto que hace un año?
La actividad económica argentina muestra una desaceleración significativa, creciendo solo un cuarto del ritmo del año anterior. Cinco factores clave explican este frenazo mayor al esperado: el atraso cambiario, altas tasas de interés, falta de confianza, la situación del bolsillo de los argentinos y un contexto internacional incierto.

Las claves de la nota
- Actividad económica crece 1,2% anual en agosto, un cuarto del ritmo anterior.
- Atraso del dólar y altas tasas de interés frenan la competitividad.
- Falta de confianza inversora y caída del poder adquisitivo pesan.
- Economía al borde de recesión técnica, con recuperación esperada limitada.
La actividad económica argentina ha experimentado una marcada desaceleración, pasando de un crecimiento anual del 5,3% hace un año a un modesto 1,2% en agosto. Si bien el dato acumulado del año muestra un crecimiento del 12%, este representa apenas un cuarto del ritmo observado previamente. La economía se encuentra al borde de una recesión técnica, a la espera de la confirmación oficial de septiembre, aunque se anticipa una recuperación transitoria hacia fin de año que dejará un sabor a poco.
Varios factores explican este panorama. El atraso del dólar, a pesar de las reformas estructurales, erosiona la competitividad cambiaria. La apreciación del dólar oficial es significativamente menor a la inflación acumulada en los primeros diez meses del año (47% vs. casi 25%), lo que impacta negativamente a pymes y grandes empresas, frenando sectores como la construcción y la industria, que ya registran caídas interanuales considerables.
Las altas tasas de interés, con un spread bancario en máximos de 30 años, también actúan como un freno. Los bancos operan con cautela ante la incertidumbre electoral y la posibilidad de retiros de depósitos, a lo que se suma una política monetaria restrictiva del gobierno, evidenciada en el aumento de los encajes bancarios.
La falta de confianza se manifiesta en el debate entre economistas sobre la política monetaria y cambiaria, y en las dudas de los inversores respecto a la capacidad del gobierno para afrontar los vencimientos de deuda en dólares en los próximos años. La necesidad de financiamiento adicional para 2025 y las proyecciones de demanda de divisas para 2027 generan incertidumbre.
Finalmente, el bolsillo de la gente, que explica más del 70% del PBI a través del consumo, se ve afectado por la caída del poder adquisitivo. La pérdida de ingresos reales, tras descontar gastos fijos, limita la capacidad de consumo de los hogares, impactando directamente en la demanda agregada y, por ende, en la actividad económica general.
