Ingeniero agrónomo advierte sobre el impacto de las plagas de aves en cultivos y estructuras
Fernando Cocconi, ingeniero agrónomo especializado en control de aves, alerta sobre los daños que palomas y cotorras causan en cultivos, monumentos y estructuras edilicias, proponiendo métodos de control reproductivo.

Las claves de la nota
- Control de aves: métodos y eficacia
- Repelente a base de ajo sin residuos en granos
- Daños por excrementos de palomas: corrosión y enfermedades
- Reducción de reproducción aviar como método de control
- Impacto en agro, industria y patrimonio
Fernando Cocconi, un ingeniero agrónomo rosarino de 74 años, ha dedicado su carrera al control de plagas de aves, especialmente palomas, tras no poder desarrollar su vocación inicial en ganadería intensiva debido a las dificultades del contexto argentino. Desde el año 2000, Cocconi ofrece servicios de control aviar tanto en zonas rurales como urbanas, empleando métodos innovadores y menos invasivos.
Su experiencia incluye trabajos para importantes empresas del sector agropecuario como Monsanto, Advanta y Nidera. En el caso de Monsanto, su intervención permitió triplicar las cosechas de semillas de girasol en Santiago del Estero, pasando de 6 a 24 quintales por hectárea, gracias al uso de un repelente a base de alicina (extracto de ajo) que demostró no dejar residuos en el grano. Cocconi destaca que en regiones como Santiago del Estero, Chaco y el norte de Santa Fe, la proliferación de palomas dificulta enormemente la cosecha, llegando a contar hasta 300 nidos por hectárea.
El ingeniero también ha aplicado sus técnicas en aeropuertos y espacios públicos, como 16 plazas de la ciudad de Rosario, donde utiliza un repelente líquido combinado con semillas tratadas con un anticoccidial. Este método interfiere con la asimilación de calcio en las aves, impidiendo la formación de cáscaras en los huevos y reduciendo así su reproducción. Cocconi señala que, a diferencia de la provincia de Buenos Aires, en Santa Fe la paloma no está declarada plaga, lo que limita las opciones de control directo.
Los perjuicios económicos y estructurales de estas plagas son significativos. Las palomas, con su alta tasa reproductiva y la corrosividad de sus excrementos (debido al amoníaco), causan daños en monumentos, edificios y hasta en la pintura de autos nuevos, como ocurre en General Motors. Cocconi insiste en la necesidad de controlar la reproducción cuantitativa de las aves en lugar de recurrir al exterminio. Su enfoque, que incluye el uso de granos tratados, lo considera más efectivo a largo plazo que métodos como los láser, que no han dado resultados en el control de cotorras en Médanos, Bahía Blanca. Su labor se extiende también a viñedos y plantaciones forestales, donde las aves causan daños al romper brotes y afectar el desarrollo de las plantas.
