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Fabio Zamora: De la venta de uva a la bodega propia en plena crisis vitivinícola argentina

En San Rafael, Mendoza, Fabio Zamora apuesta por el vino propio en un contexto de rentabilidad decreciente para la vitivinicultura. A pesar de los altos costos y la caída del consumo, busca reinventarse con variedades poco conocidas y optimizar la cadena de valor.

Fuente original: Bichos de Campo4 min de lecturaNegativo
Fabio Zamora: De la venta de uva a la bodega propia en plena crisis vitivinícola argentina
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Las claves de la nota

  • Crisis vitivinícola argentina: costos en alza, consumo en baja.
  • Bodega familiar Cabrito Negro elabora 14.000-15.000 botellas anuales.
  • Diversificación: uva, ciruelas y transporte para sostener el negocio.
  • Apuesta por variedades de uva menos conocidas como el carmenere.
  • Esperanza en mejora del sector y acuerdos comerciales futuros.

Resumen elaborado con inteligencia artificial a partir de la nota de Bichos de Campo.

En el corazón de San Rafael, Mendoza, la vitivinicultura atraviesa un momento crítico donde la venta de uva ya no garantiza la rentabilidad. Ante este escenario, Fabio Zamora, hijo de un productor de uva que también debió diversificar su producción, decidió dar un paso audaz: crear su propia bodega. Tras estudiar enología y adquirir experiencia en España, Zamora puso en marcha, junto a su padre, la bodega familiar Cabrito Negro en 2018. Iniciaron con un modesto tanque de 3.000 litros en el garaje de su casa y hoy elaboran entre 14.000 y 15.000 botellas anuales, reinvirtiendo ganancias y trabajando “a pulmón”.

El proyecto tomó un nuevo impulso en 2022 con la construcción de una bodega propia equipada con tecnología para la elaboración de sus vinos. Sin embargo, el emprendimiento aún no genera ingresos suficientes para vivir exclusivamente de él. Zamora continúa trabajando como enólogo para otras bodegas para complementar sus ingresos y sortear las dificultades de la economía regional. "Hace dos años que el vino no aumenta, no se actualiza. Los costos de producción han ido aumentando y el consumo ha caído", describe, reflejando la dura realidad del sector. La crisis se manifiesta en el abandono de viñedos y la erradicación de plantaciones, incluso en zonas de renombre como el Valle de Uco, agravada por eventos climáticos adversos como heladas tardías y tormentas de granizo que incrementan los costos de producción.

El financiamiento se presenta como otro obstáculo, con tasas de interés elevadas que dificultan el acceso para los productores más pequeños, cuyos ingresos pierden poder de compra. En este contexto, el sistema asociativo emerge como una red de contención. El padre de Zamora, por ejemplo, entrega parte de su uva a una cooperativa mientras reserva otra porción para la elaboración propia. La explotación familiar se diversifica además en la producción de ciruelas y el transporte. Los precios de venta en la zona varían, pero los productores asociados a cooperativas logran obtener entre un 15% y 20% más por su uva, además de reducir costos mediante compras conjuntas de insumos.

Para Cabrito Negro, la decisión de agregar valor a la uva propia representa una alternativa estratégica a la venta de materia prima. La bodega también se enfoca en escuchar y adaptarse a las demandas del consumidor. Si bien el Malbec es una apuesta segura, Zamora explora variedades menos conocidas, como el carmenere, que ha tenido una buena recepción en el mercado. La reinvención y la búsqueda de soluciones son claves, adaptándose a las preferencias por vinos blancos, productos más frescos, suaves y con menor graduación alcohólica. A pesar de la gravedad del momento para la industria del vino, Zamora mantiene la esperanza de una mejora futura, confiando en que oportunidades comerciales, como un potencial acuerdo Mercosur-Unión Europea, impulsen la rentabilidad. El espíritu de perseverancia y de “redoblar la apuesta” es lo que, según él, ha permitido la construcción de este sector a lo largo del tiempo.

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